Exposición

Jacques Leenhardt 1997

Todo está aquí en la indistinción del negro y del blanco, evocación más que descripción de una realidad singular. La obra exige pues que la mirada construya lo que ve. En cuanto al artista, éste parece luchar con la materia prima, una materia original, mineral y reacia : blanco de titanio, negro de humo, grafito. Los colores de la carne y los del paisaje están fuera de alcance en este momento en donde domina todavía la confusión primera. Todo un esfuerzo se concentra pues en la tentativa de hacer surgir de este caos un mundo de formas significantes…. Cómo , de la oscura incoherencia de los trazos y de las manchas arrojadas sobre el papel, aparecerá un rostro, una mirada ?
El artista se encuentra en la situación descripta por Ovidio en los versos con los que comienza el libro de las Metamorfosis : Antes que haya algo, un mar, tierras o un cielo que los cubra, el rostro del mundo sigue uniforme e indistinto bajo la bóveda celeste.
Una lluvia de trazos de fina pluma cubre el campo. Más que formas, Cristina nos da aquí constelaciones, organizaciones en los límites del infinito. Por medio del regreso obsesivo de la pluma, ella trata de cristalizar la diseminación que huye en lo más profundo de la noche. Pero en este registro estelar, el infinito está por doquier, materia, gas, espacios. Aureolas boreales se elevan sobre densidades negras, transforman el vacío en pleno, al abismo en objeto. Un movimiento browniano agita la materia en los confines de lo visible y el artista condensa la noche con su pluma febril para mejor arrojar allí sus estrellas.

Exposición en la Alianza Francesa de Buenos Aires  [ extracto ]

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